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    November 28

    2006/11/13 al 28 Congreso y ascenso al Monte Pissis - Argentina

     
    Resumir en palabras y relatar esta experiencia es aún más difícil que respirar a los 6700. Por eso no voy a tratar de hacerlo. Que las fotos y algunas frases lo digan por mí ...
     
     
    Doy gracias quien creó las montañas, porque hace que en cada rincón del mundo haya alguien que quiere subirlas. Por él podemos experimentar el esfuerzo, la entrega, paciencia, humildad y a veces resignación.
     
    Doy gracias a las montañas por darnos un motivo para reunirnos en torno a ellas. Por ellas podemos conocernos y reforzar muchos lazos en la cercanía o en la distancia. Por ser un idioma universal.. por borrar fronteras.
     
    Doy gracias por todo lo que ellas nos enseñan.. porque cada ascenso representa el camino de la vida y muchas lecciones aprendidas.
     
    Doy gracias a quienes las admiran, las disfrutan y las viven y las sienten.. desde abajo o desde arriba. La belleza del mundo es aún más grande y enriquecedora cuando se comparte con los hermanos.
     
    Doy gracias a los Dioses de las cumbres, del sol y del viento y de las nubes.. a la Pachamama.  Gracias a ellos podemos tener las condiciones para acercarnos a las cumbres.
     
     Y ante todo, doy gracias por la vida.  Porque entre más subimos, más sabemos cuánto cuesta preservarla.. porque lo que podemos perder es lo que más valoramos.
     
    Estando a 6700 mts de altura sentí que mi vida estaba en peligro.. y me pregunté si debía seguir subiendo montañas de esa magnitud. Confieso que en un comienzo la respuesta fue un NO Rotundo.  Pero después, escuchando las voces del mundo y mirando en mi interior, descubrí que subo montañas por que ellas son mi vida. 
    Y seguiré subiendo hasta donde y hasta cuando mi cuerpo lo permita.  Y será el Aconcagua quien me dará la próxima oportunidad de seguir cumpliendo mis sueños.
     
    Nos seguiremos viendo en las alturas con cada uno de los que compartí esta expedición unidos por momentos, palabras, pensamientos y sentimientos que solo quien los vivió, desde la cercanía o desde la distancia-  puede entender lo que significan.
     
     
    Un abrazo, Carolina.
      
    November 27

    2006/12/27 El Norte Argentino

     
    Son demasiadas cosas que se ven, se sienten, se viven y se quedan.. Tantas que es imposible trasladarlas a las palabras y más difícil aún, resumirlas.
     
    Cada vez que se conocen lugares, cambia la percepción y la opinión sobre lo que puede ser un "paraíso".  En cada sitio de este planeta se puede apreciar la belleza que nos rodea. Y en el norte Argentino, esto no es una tarea difícil para nadie.  Mis amigos Porteños de LionX me habían dicho que era muy lindo y que tenía que venir por acá.. Así que decidí pasar. Pero me lo imaginaba muy diferente. Y si bien hay partes secas donde predominan los colores tierra, me sorprendí mucho al ver que en el medio existen valles completamente verdes y frondosos, con muchos árboles y flores que hacen parecer un Oasis.. un espejismo en medio del desierto.
     
    Esta es una de las ciudades más lindas que conozco. Una combinación de desarrollo y tradición, pero guardando los conceptos puros de paz y tranquilidad que en algunas ciudades ya no se ven. Todavía se puede dejar la bicicleta en el andén, el carro abierto, la casa sin seguro, y no pasa nada. Se puede montar bicicleta solo por las montañas. Se puede caminar tranquilo por la noche. Creo que esto debería ser lo normal.. pero tristemente en algunas ciudades lo normal es todo lo contrario.
     
    Al llegar a Salta ("La Linda", como la llaman aquí),  cambió mi opinión sobre lo que puede ser  una ciudad.  Un clima templado y muy agradable, rodeada de verde y montañas, gente queridísima, una arquitectura impresionante y una tradición musical enorme.
     
    Durante mi corta estadía en Salta,  y como pocas veces durante mi viaje, fui a escuchar grupos de Folklore, cantando y "guitarreando" hasta el amanecer. Si hay algo que me encanta de Argentina es la música tradicional, y Salta es una de las principales capitales de los ritmos de Chacareras y Zambas.  Desde ahí empezó el descuadre de sueño, pero valíó la pena..
     
    Y para compensar, después de la trasnochada, subí hacia el Cerro San Bernardo (1071 escalones), al cual los salteños y  extranjeros suben en carro, bicicleta o caminando. Es como el Monserrate Bogotano. Su cima es un jardín verde y hermoso, aunque parte de su espacio lo destinaron a una gran estructura de vidrio y metal para poner un teleférico...
    Y como era de esperarse, después de la segunda trasnochada (en la que me dormí a las 4:30 am), perdí el bus de las 7am. Así que tuve que esperar hasta el medio día para irme a Cafayate.
     
    En el camino a Cafayate el paisaje vuelve a cambiar.. De verde y frondoso pasa a ser árido y seco, un poco parecido a "Tipiza" en el sur de Bolivia. Tiene formaciones desérticas y la tierra muestra tantos colores que es imposible nombrarlos. Pero también, en medio de montañas altísimas y secas, está ese valle en el que se dan unos de los mejores vinos Argentinos. Es la segunda zona vitivinícola de Argentina y hay inmensas bodegas y viñedos por todas partes. Me recordó también mucho a Villa de Leyva, pero es un pueblo mucho más pequeño, con una arquitectura diferente, muy sencilla.
     
    Allí me quedé en un hospedaje familiar con varios extranjeros. Por cuestiones de presupuesto no hice ninguno de los "tours" a los cañones y quebradas que se veían muy llamativos. Alquilé una bici y me fui al "divisadero" , en las afueras del pueblo, admirando los viñedos, bodegas y contrastes de la vegetación del lugar. El sol calentó sin compasión pero aún así me subí hasta la parte alta del cerro para tener una mejor vista.  Me gustó tanto que me quedé otro día más. Estoy segura que era porque tenía que conocer a María Mercedes y Benjamín, dos personas muy queridas de Tucumán, quienes me trataron como si fuera su hija durante el medio día que los conocí y con quienes además coincidimos en el parque, luego en la Iglesia y luego en un restaurante, sin ni siquiera ponernos de acuerdo y quienes me regalaron una imagen con una oración para que me protegiera.
     
    En Cafayate me quedé comiendo Helados de vino (únicos e irrepetibles) -ya que por cuestiones el presupuesto no alcanzaba para tomar vino - y asistiendo a eventos de danzas y música tradicional que estaban en pleno furor por el "día de la Tradición"  en Argentina. Aquí se respira música. En todas partes donde iba, alguien tocaba la guitarra y cantaba una chacarera o una zamba. Eso me costó otra trasnochada, y por supuesto, otro bus -de las 6am- perdido.
     
    Pero esto si me salió más caro, pues esta vez tuve que "hacer dedo" (esto implica: 1) pedir que alguien que pasa por la carretera decida parar, 2) rezar para que vaya para el mismo lado, y 3) lograr que sea tan confiado o compasivo como para recogerlo). Es una larga historia pero para resumir, primero un conductor de una Pickup destartalada que se compadeció de verme cargando dos mochilas gigantes en medio de la carretera, me llevó a 16 Km de Cafayate (En total tenía que viajar como 400 Km y pico) y me dejó en las ruinas de Tolombón, un pequeño caserío alejado de todo.
    Después de dos horas de ver uno que otro carro pasar, y de mucho esperar (porque a veces me daba pena pedir que me llevaran, jeje) , me armé de valor y a un señor que pasaba en un Volkswagen Gol rojo le pedí que me acercara hasta Tafí del Valle, otro sitio recomendado por Martín, uno de mis amigos Porteños. 
    Este señor era joven, pero su comportamiento era muy diferente a los otros Argentinos que conozco. Era super serio y muy callado. No sé si  le parecí demasiado "confianzuda" por pedirle que me acercara... puede ser, pero yo tenía que llegar a Catamarca ese día. Y tenía que hacer algo.
     Después fue empezando a hablar un poco más y me dijo que venía viajando desde hacía un mes por el norte Argentino. Iba tomando muchas fotos, más que yo.. Paramos en un museo que es algo único en el mundo: El Museo de la Pachamama (madre tierra). Nunca había visto algo así. Una construcción que es toda una obra de arte, donde el autor utiliza diferentes tipos y colores de piedras en las paredes para plasmar los símbolos de las figuras rupestres de los antepasados.
     
    En fin, después de salir asombrada de ese sitio y de tomar muchas fotos, me subí al carro  muy contenta por haber podido presenciar esa obra tan impresionante. En ese momento Gabriel me dijo: no quiero que te asustes, pero debajo del asiento hay una pistola... seguramente ya la viste.  Yo como soy tan despistada ni me había dado cuenta. Pero si hay algo que detesto son las armas. En ese momento como cosa rara no me puse nerviosa, y seguí como si nada. Creo que estaba tranquila porque iba acompañada de mi angel de la guarda, ese que me decía "nada te turbe, nada te espante, yo estoy aquí".. Pero obviamente no veía la hora de bajarme de ahí.
     
    Finalmente llegamos a Tafí del Valle, otro sitio encantador en medio de los famosos Valles Calchaquíes -de los que hablan las chacareras y las canciones de Mercedes Sosa-, y  no me podía quedar sin conocerlo. Una laguna muy linda, muchas artesanías, y ... corra a buscar un bus que me llevara hasta Tucumán. Mi extraño compañero de viaje me decía que si quería el me llevaba hasta Catamarca, pero por obvias razones le agradecí mucho y le dije que no quería molestarlo.
     
    Afortunadamente el siguiente bus salía justo en ese momento. Invité a almorzar a Gabriel, por aquello de haberme llevado hasta ahí. Pero en el bus no podía hacer más que dar gracias a mi angel de la guarda por cuidarme siempre. Ahora que lo veo fue bastante arriesgado, sobre todo para una niña y más aún, sola.
     
    Varias horas sentada en un bus pasando por sitios inimaginables.. montañas secas de colores amarillos y tierra, luego una selva inmensa que nunca pensé encontrar en ese sitio y luego una linda planicie completamente verde y rodeada de grandes montañas. Había llegado a Tucumán. Con un calor asfixiante tuve que ir a buscar el bus hacia Catamarca.
     
    Fue todo un día de viaje y aventuras..  pero finalmente lo logré. Salí de Cafayate a las 6:30 am y llegué a Catamarca a las 11:30 pm, a buscar hostal y lavar mi ropa pues al día siguiente empezaría el Congreso de Montaña, por el cual hasta tuve que hacer dedo con tal de llegar.   Gracias a Dios todo salió bien y valió la pena.
     
     
     
    November 09

    2006/11/05 Uyuni a mi manera - Bolivia

    Definitivamente mi hermana tenía razón. Me gusta hacer las cosas a mi manera. Y esta no fue la excepción. Como tengo muy claro que mi objetivo que es entrenar para las montañas que vienen, y como no soy una turista más que se puede gastar 65 usd en 3 días, pero sí quería conocer el Salar de Uyuni, decidí que quería hacerlo de otra forma. Además después de estar 12 horas sentada en el bus desde la Paz hasta Uyuni, necesitaba ejercitarme otra vez.

    Definitivamente los "tours organizados" de 3 días entre una "4x4" viendo y haciendo lo que a la Agencia de viajes le parece divertido, no son para mí. Entonces empecé a averiguar por un sitio donde alquilaran bicicletas. Llegué a un sitio donde antes alquilaban y me dijeron que ya no tenían. Alguien más me dijo que unos niños salían todos los días a la "Calle Ferroviaria" para alquilarlas, pero preciso ese día no estaban. Y en todas las agencias que pregunté por las instrucciones de la ruta para ir en bibicleta, me decían "eso está muy lejos.. tiene que tomar un auto"... Después de que me ofrecían sus diferentes planes, y me preguntaban si estaba segura de lo que quería, lo único que yo respondía una y otra vez era: Siii, en bicicleta!. Siiii, sola. No sé qué pensaban .. si es que no mucha gente podría ser capaz de hacerlo o si era por ser mujer, y más aún porque iba sola. Al final yo sabía que sí podía, y eso era lo que importaba.. no tenía que convencer a nadie. Pero el tema era de logística... necesitaba una bici.

    Así que pensé que tendría que ir como cualquier otro turista a pasar muchas horas entre una camioneta, bajando solo a tomar un par de fotos y volver entumida tres días después con la gripa alborotada por el viento y el frío que son la constante en el circuito del altiplano.

    Pero no encontrando otra opción, en un momento de afán tuve un lapsus y compré el tour de 60 USD. Y como casi siempre, la indecisión salió a relucir. Justo después de pagar, me arrepentí. Pensé que era imposible que no pudiera conseguir una bicicleta en ese pueblo y decidí que me esperaría un día más para poder encontrarla. Aunque sea le pediría una prestada a alguna de los personas que la usan como medio de transporte.

    Así que me devolví a la agencia y dije que estaba muy enferma y que el frío me sentaría muy mal (que no era ninguna mentira). La señora dijo que no me podía devolver la plata, a menos que consiguiera alguien más que tomara mi cupo. Y como si estuviera oyendo, preciso en ese momento llegó como caído del cielo un "mono" ojiazul mechudo con bronceado playero que creo que era Danés y preguntó por el Tour. Y se inscribió. Solo gracias a eso -y a él- me devolvieron la plata.

    Y es ahí cuando empieza a funcionar eso de que "el que quiere, puede". Las esperanzas de poder ir en bici no eran muchas. Al ver que los niños de las bicis no salían, golpeé en la casa del frente de esa calle. El niño que me abrió me dijo que debía preguntar en la casa del lado. Golpeé en la otra puerta y después de pensar que no había nadie, me abrió un señor medio en pijama y recién levantado. Me dijo que antes otro señor llevaba bicicletas para alquilarlas ahí, pero que no había vuelto. Entonces le pregunté dónde podía encontrarlo y me dió el nombre y la dirección, pero no tenía el teléfono ni sabía donde quedaba la casa. Solo me dijo que quedaba lejos, en las afueras del pueblo.

    Ya con esos datos, y bastante cargada con las dos mochilas, cogí un taxi y le pedí que me llevara allá. Pero no contaba con que el taxista no sabía dónde quedaba. Ubicamos una de las calles pero la otra no la podíamos encontrar. Preguntábamos a toda la gente en las calles y almacenes y nadie sabía. No podía creerlo.. en un pueblo de 10 cuadras nada podía ser tan lejos. Dimos varias vueltas, pero cada vez nos mandaban a un sitio distinto y al final el taxista se rindió y me dejó botada en el mismo sitio donde me recogió.

    Entonces me volví a quedar con mis dos mochilas que pesan más que yo y con mis ganas de pedalear, dando vueltas y pensando qué iría a hacer ahora, sin Tour, sin bicicleta y por lo tanto, sin "Salar".

    Decidí registrarme en el hostal, dejar las mochilas y empezar a caminar por el pueblo y los alrededores ya un poco más ligera de peso. Ya estaba cansada de preguntar, porque nadie sabía. Entonces busqué una de las calles de la dirección. Como a media cuadra de distancia pasaban dos señores y dudé en preguntarles pero de repente me decidí . Claro.. por mi tono de voz, al principio no me oyeron, pero al final grité y me escucharon. Le pregunté por la Calle Bustillos y sorprendentemente, creo que era el único Uyuniense que conocía su pequeño pueblo. Me volvieron las esperanzas y se me iluminaron los ojos.

    Seguí las instrucciones que me dió, pero no había señales con el nombre de la calle entonces seguí preguntando de puerta en puerta por el Señor "Ayala", el que alquilaba bicicletas, hasta que un señor que tomaba cerveza en la esquina de la calle, me mostró donde era. Llegué a una pequeña puerta de latas verdes, vigilada por un "Siberiano" que dormía en el andén, y que tenía el turno de la mañana, pues el de la tarde lo tenía toda una familia de "chanchos" (ver foto) que se encargaban de que nadie se acercara.

    Entonces me abrió Osmar, el pequeño de 8 años, hijo del señor Ayala y le pregunté si alquilaban bicicletas. Cuando me dijo que sí, la emoción fue total. Valía la pena haberme quedado. El que persevera alcanza.
    Osmar llamó a su hermano mayor, Omar, pues su padre no estaba. El me hizo entrar a su casa y me llevó al sitio donde guardaban las bicicletas. La emoción se me pasó un poco al ver las bicis, pues eran bastante grandes, pesadas y de doble suspensión y no con la cantidad de cambios que estoy acostumbrada. Pero no podía ponerme muy exigente, así que escogí una y le dije que me la alistara para el día siguiente, pues ya eran las 4:30 pm.
    A las 7:30 pm me la llevó al hostal con el casco, la herramienta, la bomba que pesaba más que la misma bicicleta y una "parrilla" para cargarla.. se imaginarán el tamaño.
    Esa noche me acosté muy emocionada, después de preguntar por el kilometraje de la ruta y ver las opciones que tenía para alojarme en el salar. Sin embargo, por no tener carpa, mi plan estaba un poco limitado, pero aún así me acosté temprano para poder madrugar para mi próxima aventura.

    A las 8:30 am arranqué, sin saber si volvería esa misma noche o si me quedaría en algún otro lugar. Cogí la carretera a Colchani, un pueblo a 22 Km al norte de Uyuni y de donde sale la vía que lleva al Salar. El viento era muy fuerte, helado y además iba en dirección contraria a la mía.

    Después de 4 horas, varias fotos, una caída por estar mirando las llamas que pasaban por el lado, muchos pedalazos y de tragar todo el polvo de los camiones, camionetas 4x4 y motos que pasaban, y hasta de "hechar dedo" para que me acercaran a Colchani -sin lograrlo, para a ver si alcanzaba a montar más sobre el salar-, de soportar un viento helado que me tumbaba pero un sol que quemaba, finalmente llegué pedaleando hasta el Hotel de Sal, 35 Km al noreste de Uyuni. Quería seguir hasta la Isla del pescador y el Volcán Tunupa pero por los 80 Km que faltaban, por la escasez de carpa y de plata para alquilar la bici por tres días, decidí devolverme.

    Si, en bicicleta. Si, sola. Esa seguía siendo la respuesta para todos los que me querían confirmar si era cierto. 75 Km kilómetros ida y vuelta en un día y la felicidad de haber hecho las cosas a mi manera.


    El día siguiente era de descanso, entonces encontré un amigo que había conocido en Sorata y fuimos a caminar al "Cementerio de Trenes", un sitio al que todos los turistas llegan en carro, se demoran un minuto y se van. Nosotros nos demoramos casi dos horas, muy entretenidos tomando fotos de todos los trenes que han hecho parte de la historia del Sur Boliviano.

    No contenta con eso, dos días después la volví a alquilar para ir por la ruta que va a Potosí, unas montañas desde donde se podría ver el salar desde un poco más arriba. Esta vez, acompañada por Floris, un amigo Holandés que también disfrutó mucho las 3 horas de bici, una de trekking hasta la cumbre, y la otra hora y media de fotos y videos. También el almuerzo con atún, galletas y manzana y el atardecer desde arriba.

    Y después de esos emocionantes y soleados días en Uyuni, de varios reencuentros con queridos amigos conocidos durante el viaje, de una buena entrenada, de varios conciertos de Charango (en VIP) por mi amigo Shuki, un "superdotado" de la música, de ver todas las fotos de los que hicieron el Tour completo (ya que no lo pude hacer), llegaba la hora de dejar el altiplano. Suficiente.

    Bajando hacia la querida, bella y cálida Argentina, todo cambia... El paisaje, el clima, la gente, la comida, el estilo de vida. Bueno.. también el precio del dólar y el costo de la vida. Ese es el único cambio no muy a mi favor, pero vale la pena.

    November 03

    2006/10/30 Después de la lluvia brillará el sol - Bolivia

    Está comprobado. "There will be sunshine after rain".. (Después de la lluvia brillará el sol) así me decía alguien muy querido, para darme ánimo.
     
    Esta vez no me puedo extender mucho, sobre todo después de haber escrito durante tres horas y recibir un mensaje de "Error" en el que se me borró todo.
     
    Después de varios días muy citadinos y rutinarios, ya era hora de dejar la pinta de "turista gringa" (no por lo rubio de mi pelo sino por la càmara y las gafas) y volver a tener cara de mujer decidida, aventurera... y montañera . Entonces un poco más recuperada ya de mi enfermedad, decidí cambiar la blusita de escote y arandelas por la chaqueta y las botas, el asfalto por los caminos de tierra, el coffe shop por una estufa al aire libre, el ladrillo por el nylon, el colchón por el aislante, el baño de un hostal 2 estrellas por un sitio detrás de una piedra pero con miles de ellas, el bombillo por la frontal, el computador por el cuaderno y los libros, el radio por la música de los pajaritos, el humo de los carros por el olor de la montaña,  y un hostal de 5 usd por una sitio en el mundo que no tiene precio. 
     
    Es así como llamé a Pedro, un amigo boliviano que tomó el curso de escalada conmigo, quien hace guianzas a varias montañas. Y después de saber que por los lados del Illampu se escondía uno de los mejores 30 treks del mundo, no hubo mucho qué pensar. Hablamos un domingo, el lunes nos reunimos para cuadrar todo y el martes ya estaba entre un minibus camino a Sorata, el encantador pueblo que se arrodilla a los pies del Illampu para adorar su grandeza.
    Alistamos los últimos detalles y el Miércoles empezamos el viaje que estaba programado para 6 o 7 días.  Empezamos la caminata de 2 horas y media el primer día, pasando por sitios que por primera vez dejaban atrás el altiplano y la Puna para empezar a parecerse a los lugares favoritos de mi querido país.. una mezcla entre el verde de Tobia (Cund), el clima de San Francisco (Cund), las profundidades del cañón del Chicamocha que luego se iba convirtiendo en algo parecido a la aproximación al Nevado del tolima. Podría decir que también ví bosques de niebla y más arriba otros escenarios verde oliva que me hacían recordar los Páramos de Ocetá y los del Cocuy porque hasta frailejones (o algún familiar cercano) encontré.
     
    Y así comenzamos a caminar, decididos a ir por esa cumbre, una de las más difíciles, altas y de difìcil acceso en Bolivia. Sin embargo, lo que significaría la escalada más dura, larga y extrema de toda mi vida, quedó convertida en un lindo trekking de 4 días. Parece que el cielo también estaba triste, porque no dejó de llorar en mi hombro durante tres días seguidos. No se dejó ver .. ni siquiera pudimos acercarnos. Esa es la montaña. Esta vez nos puso una prueba para la paciencia, la aceptación. Un esfuerzo físico importante, sobre todo después de dos semanas quieta, pero también una inversión grande.. Mulas , porteadores, comida, transporte. Lo bueno es que todo eso se paga con cada paisaje y cada cosa aprendida. Seguramente no estaba lista aún para esa montaña. El Illampu estaba por encima de las nubes.. por encima de todas las cosas. Ya tengo una razón más para volver a ese hermoso lugar. De todas formas tenía que haber ido hasta allá, y seguramente era para conocer Sorata, ese Oasis en medio del frío y hostilidad de la puna. Es tan lindo y acogedor, que quería quedarme un día más y me terminé quedando casi una semana. (Ver dos últimos albumes de fotos)
     
    Y bueno, en la "Capital del trekking" en Bolivia también se imaginarán la cantidad de trochas y caminos que hay para andar en bici, así que aproveché para seguir entrenando, y pedalear un buen rato, aunque bajo el pleno sol de medio día, lo que casi me cuesta una buena deshidratada. Es donde se comprueba la frase. There will be sunshine after rain.
    El esfuerzo se vió recompensado al conocer el sitio más lindo de la zona, Altai Oasis. Un sitio mágico hecho a mano. Al lado del río, lleno de árboles frutales, pájaros, flores, mariposas, guacamayas, perros. Ese fue mi resguardo durante varios días donde la calma, paz y tranquilidad no eran difíciles de encontrar. Me gustó tanto que cuando por fin me pude ir de allí, al llegar a Copacabana me dí cuenta que tenía que volver a Sorata para "rescatar" la botellita de la estufa que se me había quedado (y que era prestada), y encantada regresé a hacer una caminata de 5 horas por un camino diferente y espectacular y de paso me quedé otros tres días más en el Oasis.  
     
    Y bueno, ya que las montañas de Bolivia ya no quieren ser molestadas por el resto del año, tocó volverse a poner la pinta de turista gringa (porque aquí hasta a mí me dicen así). Volví a Copacabana, a visitar el Santuario de la Virgen patrona de Bolivia. Es un pueblito tranquilo, pequeño, muy lindo a orillas del lago sagrado (Titicaca). También se respira aire puro, tranquilidad y paz, aunque es muy visitada para asistir a la misa y a la bendición dominical. Después de varios días de "soledad" me reencontré allí con los valientes aventureros que vienen en bicicleta desde Alsaka hasta Ushuaia. Ojalá pudiera irme con ellos. Creo que en algún momento me les uniré.
     
    Y sí, cesó la lluvia... Llegué a la Isla del Sol. Lugar sagrado de los Tiwanaku y los Incas y tercera fuerza energética del mundo, junto con Chichen Itza y MaccuPiccu. Podría escribir un capítulo entero sobre eso, pero para resumir y dar una idea: Un camping en una playa frente al "mar" (como le digo yo), dos atarcederes que parecían una alucinación, una cumbre, muchas horas de caminata, amaneceres únicos y toda la energía que se puede recibir en un sitio en el que el Dios es el Sol y la Cruz Andina (Tierra, fuego y Agua; el Puma, el Cóndor y la Serpiente) son sus protectores.
     
    Nuevos amigos con los que compartimos paisajes que nunca van a quedar en fotos porque hay que estar ahí para verlos como realmente son. Me gustó tanto que me quedé dos días más, frente a la mejor foto de la cordillera real que he podido ver en los dos meses que llevo en Bolivia.  Parecía que estábamos "flipando" (nueva palabra en mi diccionario, para decir alucinando)
     
    Y bueno, de regreso a la ciudad, esta vez no tan sola, pues ya habían llegado a La Paz mis amigos ciclistas, entonces aprovechamos para una buena cena, vino, concierto de jazz (cosas que no podía hacer cuando estaba sola en La Paz), un paseo por la ciudad y para no perder la costumbre, una buena pasta con atún y un rico postre.
     
    Ahora sí terminando de decidir lo que serán los próximos días de viaje, y muy emocionada por lo que vendrá en los próximos días. Habrá sorpresas.   Aunque la plata se termina, esto hasta ahora comienza.