Diana Carolina's profileLLEGA ALTOPhotosBlogLists Tools Help

Blog


    April 23

    2008/04/19 Entre caminos rojos y montañas azules- Barichara - Colombia

    .. No hay nada mejor que llegar a un lugar en el que siempre quise estar...  y gracias al "parche", otro de mis sueños de pedalear por los caminos rojos de Santander que había visto algunos días atrás,  quedó chuleado.  Y es que aún después de pedalear por pavimento durante horas enteras, lo que encontré al pedalear en esta región del país, fue mucho más de lo que buscaba. Montañas azules, cañones profundos, clima cálido (a veces demasiado), parajes verdes, azules, amarillos, rojos. Caminos reales, pueblos coloniales, calles empedradas, Se respira paz y tranquilidad. El paisaje invita a querer siempre más. Los 180 Kms quedaron impresos, y a pesar de los dolores que trae el pasar días enteros pedaleando, lo repetiría una y otra vez.
     
     
     
    April 09

    2008/02/23 Chimborazo, Ecuador

    A veces las palabras no quieren salir.. Tal vez por el desconcierto que aún ronda en la cabeza y que prefiere esperar a recobrar su cordura, antes de pronunciarse.  Esta fue una escalada inusual, me produjo extrañas sensaciones que nunca había tenido en las montañas. Inclusive, cambió mi rumbo y a veces llego a sentir que cambió mi vida, mi forma de pensar, mis planes a corto y a largo plazo.
    Sin embargo, el solo hecho de estar al frente de semejante Catedral, ya es ganancia. El Chimborazo se mostró -en el tiempo que pude estar cerca de él- exigente, imponente, pero al final, amigable. Sabíamos que no podíamos subir a él si no había buen clima, pues durante los últimos días había nevado tanto que el manto blanco llegó hasta la carretera pavimentada, que entre zigzags, se extiende 8 Km más abajo del refugio.
     
    Las condiciones eran complicadas desde el momento de la llegada. El mismo día de viaje -por razones ajenas a mi voluntad- llegamos en bus directo hasta el Refugio, a 5000 metros de altura. Me bajé a caminar faltando aproximadamente unos 2 Km para el Refugio, pero al caminar se agitaba el corazón y casi se estallaba la cabeza y el frío que llega cuando el sol se va, empezaba a doler en los dedos.
     
    Después de comer una "ración" y de una rica aguadepanela caliente, encontramos a algunos guías ecuatorianos con unos europeos que también iban a escalar. Nos dijeron que nadie había subido en los últimos días, por las condiciones. Sin embargo teníamos la esperanza de que pudiéramos intentar acercarnos.  
     
    El día siguiente, después de pasar la prueba de hacer desayuno para 8 expedicionarios, el gran el equipo muy animado empezó a empacar, a pesar de que por la pequeña ventana se veía como la neblina aún cubría como un telón la obra de arte que estaba al frente. Algunos estábamos un poco más afectados que otros por la altura, aunque el sueño nos había reparado...  bueno, para los que pudieron dormir. Llegar a esa altura se "sopetón" a veces no permite ni eso.
     
    Como todavía sentía mucho el dolor de cabeza, me quedé desempacando el mercado y separándolo para poderlo encontrar fácilmente.. pues teníamos tantos kilos de comida que casi llenan el cupo máximo en el avión. Mientras tanto, el resto del equipo subía un primer porteo hasta el que sería nuestro siguiente campamento, a una hora caminando por la nieve en subida y aprox. 200 metros más alto que el actual.
     
    Simón y yo nos quedamos de últimos, pues tratábamos de alargar al máximo la estadía a "baja" altura, pues Simón tenía comienzos de gripa y antecedentes de mal agudo de montaña. Llevábamos mucho peso en los morrales, y Simón estaba sintiendo fatiga aún sin haber empezado. Después de varios esfuerzos, descansos y ayuda para bajarle peso a su morral, Simón tuvo que bajar a dormir al refugio, pues sus síntomas no le permitían seguir subiendo, y definitivamente arriba no se iba a sentir mejor. Dani lo acompaño para estar pendiente de él. Los demás mientras tanto habían instalado el campamento y a pesar que que yo también hubiera preferido dormir abajo, subí.
     
    Toda la noche tuvimos comunicación cada hora por los radios -benditos sean- con Dani y Simón. Su tos se hacía cada vez más fuerte y sonora. Al día siguiente, el Doc y nuestro jefe bajarían a la madrugada para buscar un transporte para bajar a Simón a cualquier sitio, donde seguro se sentiría mejor que allí. y Así fue.
     
    Mientras tanto, los más inquietos se subirían caminando -en diferentes momentos- hasta el primer domo para chequear las condiciones de la ruta. Yo hacía el intento de caminar para ve si por fin aclimataba pero el dolor de cabeza era cada vez peor.  La caminada de la carpa al baño (100 metros) ya me hacía fatigar. Y a pesar de que aprovechaba para tomar fotos de las grandes paredes de roca cada vez que se descubría la montaña, el medio día nos recordaba que estábamos en el punto más cercano al sol. La fuerza del sol traspasaba la delgada capa de nubes que nos cubría, y si no fuera así, creo que nos hubiéramos derretido. La radiación que tuvimos que soportar a esa hora, entre una carpa amarilla que triplicaba la sensación, me deshidrató y parecía estar sintiendo un "golpe de calor".
    Tomé otra Aspirina y después de seguirme hidratando, y de que bajó el sol, por la tarde me empecé a sentir mejor, aunque no tanto como para intentar la cumbre esa misma noche. Nunca lo pensé.
     
    Sin embargo por razones del clima, nuestro jefe decidió que haríamos el intento a la cumbre esa noche y decidí intentarlo. Entre varias situaciones que ahora recuerdo como anécdotas -aunque hubieran podido no serlo-  subimos independientemente, los 8 personajes, hasta la cumbre Ventimilla del Chimborazo. 6257 msnm. Es de los ascensos más duros que recuerdo. La nieve llegaba a las rodillas, los pasos se hundían hasta llegar a tocar delgadas capas de hielo que con su sonido hueco dejaban ver las grietas que escondían debajo. Estaba oscuro y la nieve suelta no permitía sujetar el piolet en los filos empinados, rodeados de abismos a lado y lado.
     
    Escasamente se sostenía de la roca que se descubría con el pasar de los 7 primeros, y de la cuerda invisible que me estaban mandando desde el cielo, pues era todo lo que tenía. Veía las luces avanzando rápidamente hacia arriba por laderas super empinadas. A veces las huellas se dividían y no sabía por dónde ir. A veces me iba preciso por la más empinada, por lo cual me desgastaba aún más. Uno de mis bastones se había dañadoy estaba solo con uno de ellos. Mi piolet largo no había aparecido en el momento de arrancar, e iba solo con uno corto que me hacía balancearme de lado a lado para poder equilibrarme. Sentía que en cada paso, me dirigía al abismo y con el bastón del lado contrario me balanceaba hacia el piolet.
     
    La Altura me estaba afectando, así como la falta del bastón, las condiciones de la nieve y del equipo. Y aún así decidí seguir .. () La posibilidad de devolverme en mitad del camino, cuando la luz natural me mostraba por dónde me había trepado sola y sin cuerda y por dónde tendría que bajar, me revolvía las ideas.. y la idea de seguir, me alteraba los niveles de adrenalina y me hacía dar mariposas en el estómago. Creo que hasta a ellas les dió mal de altura.
     
    Sin embargo, lo que ocurrió ese día fue definitivamente inusual. Para mí, milagroso, como todas las cosas que ocurren en mi vida. Las nevadas que precedían nuestro intento de cumbre, de repente se convirtieron en lluvia de estrelas. La noche estaba tan despejada, y la nube que siempre acompaña la cumbre esta vez no estaba. Luego la vimos llegar pero estaba alta, distante, como tendiéndonos la mano, dándonos confianza, abriéndonos paso. Indudablemente, el universo estaba con nosotros.
    Al final llegué a la cumbre a las 8 am, después de 6 horas y 40 minutos de un exigido esfuerzo físico, pero más aún, de una confrontación mental y emocional que todavía no ha acabado .
    Afortunadamente la sensación de llegar a la cumbre alcanza a elevarme por un buen tiempo, el necesario para poder volver al campamento pensando solo en lo que me debía ocupar en ese momento: BAJAR. Y es que esa era tal vez la tarea más difícil.
    Por suerte, tengo casi un "master" en bajada. Después de que me costaba tantas caídas, enredos con los crampones, pantalones rotos, dolores de rodilla, ya todas las bajadas en nieve, hielo, morrena y "acarreo" de mis expediciones anteriores por fin se pagaron. Ya se nota la diferencia y hasta soy más rápida que en la subida (antes era al contrario). Bueno, el pantalón se sigue rompiendo, pero ya no tanto.
     
    Lo importante es que no se rompa lo verdaderamente importante, como el respeto por las montañas, por las personas, por la vida. Que no se acabe la sensación de miedo, la que nos conduce a la prudencia. Que no se quiebre un esquema de seguridad solo para demostrar fuerzas, habilidades o records. Que no se fracture el sentido de solidaridad, de equipo. Que no se menosprecie la comunicación.
     
    Pero ante todo, que si todo esto ocurre, que no -por favor- que no se agoten nunca las ganas ni las fuerzas para escalar montañas.  Que ojalá siempre recordemos los principios para subir a ellas.  Y que nunca olvidemos hacer todo lo que esté en nuestras manos, así ellas sean quienes decidan.
     
    Carolina A.